Voces - Diego Ascarza
Entrevista a Diego Ascarza-Mendoza, Research Professor en el Tecnológico de Monterrey.
Esperamos les guste esta entrevista y se inspiren con su historia.
Estudié la primaria y la secundaria en Ayacucho. Inicialmente quería ser ingeniero de telecomunicaciones, por lo que postulé a la UNI. Sin embargo, el puntaje que obtuve no me permitió ingresar a esa carrera, aunque sí a Ingeniería Económica. Honestamente, nunca había considerado estudiar economía antes de eso, pero puedo decir que fue un accidente muy afortunado. En mis últimos ciclos empecé a trabajar en la SBS sin tener del todo claro qué aspecto de la carrera me gustaba más. Me quedé con ganas de llevar más cursos de economía, así que decidí ingresar a la maestría en Economía de la UP. Fue durante la maestría en la UP que me di cuenta de que disfrutaba más estar en un entorno académico que trabajar en policy. Dicho esto, dada mi situación en ese momento, veía muy poco probable obtener admisión en un programa como Minnesota. No sabía que existían maestrías en Latinoamérica con financiamiento completo que, además, te permitían acceder a cartas de recomendación de profesores capaces de colocarte en este tipo de programas. Estoy muy agradecido hasta hoy con Peter Paz, quien me habló del ITAM; gracias a eso decidí postular, y ese fue un factor clave para que me aceptaran en Minnesota.
Es una buena pregunta, y creo que la respuesta tiene dos partes. Dos de mis principales mentores académicos desde el pregrado fueron Waldo Mendoza y Liu Mendoza, quienes además tengo el privilegio de que sean familiares míos. Ellos siempre me mantuvieron al tanto de lo bonita que es la vida académica, de las cosas que se hacían en las mejores universidades privadas del Perú, y fueron una fuente constante de inspiración para aspirar a seguir un camino académico o de policy dentro de macro. Además, tuve la suerte de coincidir con un grupo excepcionalmente bueno de compañeros de clase en la UNI: gente muy dedicada, con muchas ganas de esforzarse al máximo para cerrar cualquier brecha que pudieran enfrentar. Porque, aunque la UNI es una gran universidad, es innegable que existen brechas frente a escuelas como la Pacífico o la Católica. Ese impulso de tener buenos peers, sumado a contar con referentes con quienes conversar en el entorno familiar, fue clave para empujar muchas de mis decisiones. Sin embargo, debo reconocer que en ese momento no entendía del todo qué implicaba exactamente seguir un camino de ese tipo.
En particular, debo confesar que llegué al doctorado con una visión demasiado ingenua de lo que realmente involucra hacer un PhD, algo que no recomendaría a quienes estén considerando un programa así. Admiraba la capacidad de mis profesores con doctorado para hacer derivaciones sofisticadas de modelos y su lucidez mental, pero no entendía bien qué era lo que definía a un economista dedicado a la academia. Esto suele sorprender a mis colegas, pero yo jamás había escuchado el término job market paper hasta que fui aceptado en el doctorado. Ya estando en el programa, decidí apuntar a un perfil de investigación porque sentía que era el camino por defecto, pero no fue hasta interactuar con otros peruanos que también estaban haciendo el PhD y que tenían una mayor madurez académica que yo que empecé a desarrollar un gusto más informado por la investigación. Esto permitió que mis presentaciones en los workshops del programa mejoraran y que mis advisors empezaran a empujarme un poco más en esa dirección. La experiencia fue muy positiva: identifiqué mejor los temas que me interesan, construí un círculo con el que podía discutir constantemente temas académicos y empecé a apreciar mucho más el entorno de gente brillante que me rodeaba en Minnesota.
El doctorado en Minnesota es bastante peculiar. Es un programa en el que, si no estás en macro o en IO, las opciones son muy limitadas. Además, es un programa que empuja mucho a sus estudiantes y donde presentar o dar seminarios es casi un deporte de contacto. Esto puede ser un buen fit para algunos, pero definitivamente no para todos. Siento que al final fue un excelente fit para mi, pero esto se construyó de a pocos.
Mis principales dificultades aparecieron en la etapa de investigación. Idealmente, uno debería llegar al doctorado con una idea clara de en qué temas quiere trabajar, pero ese no fue mi caso. Llegué pensando en hacer international macro, luego empecé en macro theory y finalmente terminé haciendo quantitative macro en temas de salud y vivienda. Naturalmente, esto también implicó cambiar de advisor. Pasar de un tema a otro tiene un costo enorme, tanto en términos de familiarizarse con nuevas literaturas como, en algunos casos, con métodos de estimación o de solución de modelos distintos. Hacer el catch up una vez que identifiqué mis temas fue bastante duro y, por un buen tiempo, sentía que avanzaba muy poco.
La otra dificultad importante fue la de presentar mi trabajo. Tenía la sensación de que estudiantes de otros países ya contaban con mucha más experiencia presentando investigación académica, así que tuve que invertir bastante en mejorar mis communication skills, algo que considero absolutamente clave en esta profesión.
Mi tío Waldo fue clave en despertar mi gusto por la economía como disciplina al inicio de la carrera. Ya en Minnesota, mi principal mentor fue Larry E. Jones, quien fue uno de mis co-advisors. Larry me acompañó desde la etapa en la que intenté trabajar en temas que finalmente no terminé desarrollando. Siempre fue muy encouraging conmigo: me empujó a ser riguroso y a no tener miedo de comunicar mis ideas, incluso cuando ni yo mismo las tenía del todo claras.
Más adelante, Anmol Bhandari y Kjetil Storesletten también pasaron a formar parte de mi grupo de mentores. Recuerdo que Kjetil siempre fue muy escéptico respecto a la idea que tenía para mi job market paper; discutíamos cada vez que me tocaba presentar, y con el tiempo me di cuenta de que ese escepticismo fue clave para que entendiera mejor lo que estaba haciendo y lograra comunicarlo con mayor claridad. Anmol, en cambio, con muy pocas palabras solía darme ideas excelentes para mejorar mis papers y, además, me transmitía mucha confianza para seguir avanzando.
Siempre estaré muy agradecido con estos tres profesores. En conjunto, formaron un balance de apoyo, escepticismo y rigurosidad que fue fundamental para moldear la forma en la que hoy abordo la investigación académica.
Hacer investigación en economía es difícil y exige un conjunto amplio de habilidades, que van desde lo técnico hasta las habilidades blandas. Creo que los primeros semestres del doctorado deberían enfocarse principalmente en fortalecer la base técnica y en familiarizarse con la frontera de la literatura, sin dejar de lado la importancia de empezar a escribir papers desde etapas muy tempranas. Es fundamental invertir tiempo en encontrar un nicho claro de investigación y en desarrollar los métodos necesarios para producir trabajo sólido dentro de ese espacio.
Con lo competitivo que se ha vuelto el mercado académico, honestamente creo que lo ideal es llegar al doctorado con una agenda de investigación relativamente bien formada. Además, siento que la formación doctoral muchas veces lleva a subestimar el papel del networking, de la comunicación clara, de saber presentar el propio trabajo y, en general, de ser alguien con quien otros disfruten interactuar. Conectarse con otros investigadores es clave, y no hay que tener miedo de enfrentar escepticismo cuando se comparten ideas en las que se está trabajando. Es prácticamente imposible escribir un buen paper sin recibir crítica de calidad.
Trabajo en la intersección entre macroeconomía y salud. Actualmente, mi investigación tiene dos focos principales. El primero se centra en estudiar cómo la dinámica de la salud, tanto física como mental, afecta distintas decisiones económicas, como la participación laboral y el retiro. El segundo foco se orienta a analizar las implicancias macroeconómicas y normativas de los sistemas de pensiones y de salud en un contexto de envejecimiento poblacional en distintas economías.
Siento que el mercado académico laboral para economistas está en declive. Cada vez es más difícil conseguir posiciones académicas y el camino para llegar a una plaza tenure-track se ha vuelto más largo. Hoy es común ver trayectorias que incluyen pre-docs, luego seis años de doctorado (antes eran cinco) y, en muchos casos, la necesidad de completar un post-doc antes de acceder a una posición académica estable.
Aun así, Latinoamérica cuenta con muchos departamentos sólidos en economía y, dadas las nuevas tendencias, creo que existen oportunidades para fortalecerlos todavía más. Existe una afinidad natural entre economistas latinoamericanos, pero mi percepción es que aún hay espacio para una mayor integración académica y colaboración regional.
Creo que hace falta una mayor diversidad en la academia latinoamericana. Existen barreras de entrada importantes para formar parte de este entorno, y pienso que se podrían hacer mayores esfuerzos por incluir a minorías dentro del campo. La motivación de fondo es clara: idealmente, cualquier persona, independientemente de su condición o de sus características demográficas, debería al menos tener la posibilidad de considerar un camino de este tipo, o como mínimo estar informada sobre su existencia.
Tenemos la suerte de que, en la última década, una cantidad importante de peruanos ha logrado acceder a doctorados e incluso a posiciones académicas. En ese contexto, compartir experiencias, dedicar algunas horas a visitar la alma máter —especialmente cuando se proviene de una universidad pública— e informar a otros sobre las distintas oportunidades que existen resulta clave. Esto, por supuesto, no va a resolver el problema por completo, pero nunca se sabe cuándo unos minutos de conversación pueden cambiar el rumbo de una persona.
El mentoring es fundamental para romper estas barreras cuando se actúa desde un enfoque no institucional. Además, hoy en día difundir información es mucho más sencillo que antes, y creo que es un recurso que podría aprovecharse mucho más.
Aprende a programar y no tengas vergüenza de pedir información a quienes ya han seguido el camino que te interesa.
No tengan vergüenza de escribir a personas a quienes les gustaría hacerles preguntas; no todos van a responder, pero muchos sí. No sean tímidos y busquen toda la información posible antes de tomar esta decisión. Si se inclinan por un doctorado, honestamente creo que vale la pena solo si no existe otra alternativa en la que puedan ser igual o más felices que dedicándose a la academia. Es un camino largo y no es el más remunerado, por lo que conviene meditar bien la decisión.
También puede ser valioso explorar otras opciones académicas, como un PhD en finanzas, accounting u otras áreas que son interesantes, ofrecen buenas oportunidades y que muchas veces quedan fuera del radar de manera injustificada.
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