Voces - Kenji Moreno
Entrevista a Kenji Moreno, estudiante de doctorado de Georgia State University.
Esperamos les guste esta entrevista y se inspiren con su historia.
Mi historia académica inicia estudiando Economía y Finanzas en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Curiosamente, elegí economía por evitar cursos de química y biología, pero terminé apasionándome por una disciplina que está presente en todas las decisiones que tomamos porque siempre estamos expuestos al desafío de lograr lo máximo posible con lo poco que tenemos.
Tras el pregrado, uno de los retos que más marcó mi formación fue el Curso de Extensión del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). No logré ingresar en mi primer intento, lo cual fue frustrante. Sin embargo, las metas no son metas si uno las abandona al primer intento. Así que volví a prepararme y fui admitido al año siguiente. Además de los conocimientos adquiridos, fue una experiencia en la que construí grandes amistades.
Posteriormente, cursé la Maestría en Economía en la Universidad del Pacífico y el MicroMaster en Datos, Economía y Diseño de Políticas del MIT. Ambos programas fueron una excelente preparación para afrontar con éxito el primer año del doctorado en economía en Georgia State University.
Mi interés por las finanzas públicas nació en los últimos años del pregrado, cuando comencé a preguntarme cómo el Estado genera y administra sus recursos. Ese interés marcó mi trayectoria profesional. Inicié mi carrera profesional en el Ministerio de Educación, trabajando en calidad del gasto público, y luego pasé al Ministerio de Economía y Finanzas, donde realicé análisis sobre sostenibilidad de la deuda pública.
Hasta ese momento, creí que mi rol con la sociedad terminaba al asegurar tener inflación, déficit fiscal y deuda pública en niveles bajos y estables. Aquella perspectiva cambió al incorporarme al Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Una de mis primeras tareas fue analizar la desigualdad en el Perú, y esa experiencia me hizo comprender que la estabilidad macroeconómica, aunque indispensable, no es suficiente si persisten grandes brechas sociales. Más adelante, en el Fondo Monetario Internacional (FMI), reforcé esa visión y descubrí cómo las finanzas públicas y la economía política pueden contribuir al desarrollo económico y social.
Me gustaría fortalecer el vínculo entre las finanzas públicas y el desarrollo social en los países en desarrollo, en especial Perú. Una gran chance sería hacerlo desde los organismos internacionales. Sin embargo, si uno desea crecer profesionalmente y aumentar sus posibilidades de impacto desde esas organizaciones, el doctorado es un requisito relevante porque el apoyo a los países tiene un trasfondo técnico y académico. Así, en el doctorado busco mejorar mis habilidades para que mi contribución a los países esté basado en evidencia y provea un mayor impacto esperado.
Honestamente, no deseo dedicarme a la investigación como tal. En realidad, busco fortalecer la contribución que puede hacer la investigación a la formulación de políticas públicas porque ellas pueden generar un mayor impacto si están respaldadas por evidencia sólida.
Ese interés se ha fortalecido con las experiencias que he vivido dentro y fuera del Perú. Esas experiencias son muy variadas como ver niños asistir a la escuela sin zapatos en Ucayali (selva de Perú), familias pobres del Lago Titicaca (Puno, Perú) que no pueden acceder a servicios esenciales, o como cuando un africano me increpó en Estados Unidos el rol de los organismos internacionales en el financiamiento de gobiernos que no les interesan el bienestar de su gente. Aquellas experiencias me han recordado la importancia de que la investigación esté conectada con los problemas reales y me hicieron reflexionar sobre la responsabilidad de los economistas en el progreso de las sociedades.
Mi experiencia en GSU está siendo positiva, aunque tiene sus matices.
De un lado, la maestría me dio una buena base para afrontar el primer año del doctorado, por lo que la adaptación académica fue más llevadera. Asimismo, recientemente me incorporé a un centro de investigación donde puedo profundizar mis conocimientos sobre finanzas públicas internacionales.
Por otro lado, el mayor desafío ha sido el aspecto personal. Hacer un doctorado implica alejarse de la familia y de los amigos, además de reconstruir tu círculo social en una nueva ciudad. La alta exigencia académica y el presupuesto limitado también hacen que sea más difícil lograr un balance entre la carga laboral / académica y la vida social. Trato de acomodar mis tiempos para lograr ese balance tomando en cuenta que también lidero una ONG en Perú dedicada justamente a acercar la sociedad con la discusión económica y social.
Por eso, creo que quienes estén considerando un doctorado deben prepararse no solo para el reto académico o el cambio de idioma, sino también para los cambios personales que implica. Cuidar el bienestar emocional y construir una red de apoyo es tan o más importante que rendir bien en los cursos.
Considero que he tenido dos tipos de mentores durante el doctorado. Por un lado, están los economistas de organismos internacionales con quienes trabajo en proyectos de investigación. Con ellos aprendo cómo combinar el rigor académico con la generación de evidencia útil para la toma de decisiones.
Por otro lado, los profesores del programa han sido una fuente fundamental de orientación. Su disposición para revisar mis avances y brindarme retroalimentación constructiva ha sido clave para mejorar mi investigación y mi formación como economista.
Creo que ya se ha hablado mucho sobre las habilidades académicas y técnicas necesarias para hacer investigación en economía. Por ello, quisiera destacar una competencia que considero igual o más importante, pero de la que se habla menos: la madurez emocional.
El doctorado implica enfrentar constantemente críticas, resultados inesperados, rechazos y momentos de alta presión. Por eso, es fundamental aprender a manejar la frustración y entender que un mal resultado, una crítica al trabajo o un fracaso puntual no definen nuestras capacidades, sino que representan oportunidades para mejorar.
También considero importante desarrollar una perspectiva adecuada sobre los problemas. El doctorado es un reto importante, pero es solo una parte de nuestra vida y nuestra identidad como profesionales. Mantener conexión con nuestras motivaciones, construir redes de apoyo y recordar el propósito detrás de nuestro trabajo ayuda a afrontar mejor los momentos difíciles.
Por ejemplo, mi familia y la ONG que lidero son aspectos conectados con lo que busco lograr como profesional y como ser humano. Por ello, esos ámbitos hacen ver al doctorado como un proceso importante, pero que no determina quien soy ni cuánto puedo contribuir.
Más allá de las habilidades técnicas, creo que esta capacidad de adaptarse, dimensionar los problemas, conectar con los demás y perseverar es una de las características más importantes para convertirse en un buen investigador o profesional en general.
Mis áreas de investigación son la política fiscal, las finanzas públicas y la economía política. En particular, estudio cómo la descentralización fiscal y la disponibilidad de recursos naturales pueden influir en las dinámicas políticas de los gobiernos subnacionales y los resultados sociales en países en desarrollo.
Mi principal motivación surge de un desafío que enfrentan muchos países de América Latina: la llamada “maldición de los recursos naturales”, donde la abundancia de estos recursos no siempre se traduce en mayor desarrollo económico y social. A través de mi investigación, busco entender qué factores institucionales y económicos explican esta situación y qué condiciones pueden permitir que los recursos naturales se conviertan en una fuente de mayores oportunidades para la población.
Las políticas públicas tienen consecuencias importantes en la vida de las personas, por lo que no deberían depender únicamente de intuiciones o buenas intenciones, sino de evidencia que permita entender qué funciona y bajo qué condiciones.
Mi interés por este tema nació durante mi experiencia trabajando en el Estado. Allí entendí que la investigación académica tiene un doble desafío: generar conocimiento riguroso que responda a problemas reales y comunicarlo de manera clara para que pueda ser utilizado por quienes toman decisiones.
Como investigadores, no basta con producir análisis sofisticados. Si queremos que la evidencia contribuya al bienestar de la sociedad, especialmente de las poblaciones más vulnerables, también debemos esforzarnos por traducir nuestros resultados en mensajes accesibles y útiles para los ciudadanos y los hacedores de políticas públicas.
Mi principal consejo es que se preparen no solo académicamente, sino también a nivel personal. La investigación económica puede ser un camino muy gratificante, pero también implica enfrentar incertidumbre, críticas y momentos en los que los resultados no salen como esperamos. Desarrollar madurez e inteligencia emocional es fundamental para perseverar y aprender de esas experiencias.
Además, si tienen la oportunidad de cursar una buena maestría en economía, considero que puede ser una excelente preparación para el doctorado. Una sólida formación previa permite afrontar con mayor confianza la exigencia del primer año y concentrarse mejor en desarrollar habilidades de investigación.
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